Xavier
Cruz, con 80 años y una trayectoria de más de 40 como director de fotografía, nos cuenta un poco sobre su historia y su amor al cine.
Xavier
Cruz es su nombre artístico, de esto me di cuenta al llegar a su residencia,
una casa modesta con decoraciones y donde aparentemente renta los pisos de
abajo. En el timbre su nombre aparece como Javier Cruz Ruvalcaba, su nombre
real. Es un director de fotografía de 80 años, nació en la Ciudad de México un
9
de julio de 1939. Con un amor desbordante a la fotografía “Mi única pasión es
el cine, mira mi trayectoria viene desde antes de que entrara formalmente al
cine porque mi padre me llevaba a los estudios.” Me comentó el señor Xavier
mientras miraba pensativo el cuadro de su padre.
¨Bueno
primero que nada te voy a mostrar unas fotos para que te des una idea de que
hacía¨. El señor Xavier con su cabello
canoso y bien peinado, una sonrisa que se hacía presente cada vez que recordaba
su trabajo, lentes que escondían ojos soñadores y portando un chaleco color
azul con detalles de colores, para abrigarlo y ayudarlo a recuperarse de su
reciente catarro, se dobló para entregarme una caja con un dibujo de una
cafetera, pero donde se encontraban cientos de recuerdos. Fotos y periódicos
eran el recordatorio de sus años en el cine y el señor Cruz no dudó en
compartirlos conmigo mientras platicábamos.
Realizó
películas como: El homicida en el año 1990, por la cual estuvo nominado
a un Ariel, Gavilán o Paloma en 1985, con el cantante y actor José José,
El Arracadas en el año 1978, con Vicente Fernández, La casa del farol
rojo en el año 1971, con la actriz Sara García, etc. También hizo películas
extranjeras como: The Evil That Men Do (Justicia salvaje) en el año
1984, con el director J. Lee Thompson, The Bridge in the Jungle (El
puente en la jungla) en el año 1971, entre otras.
Familia
y cine
Detrás
de donde se encontraba sentado se podían ver los cuadros de cada uno de los
integrantes de su familia y sí que es extensa, pues él es el quinto de once
hermanos, “Ah bueno conmigo once, está bien, sí bueno mira, este no fue sencillo,
hicimos grupos los primeros, los segundos y los terceros¨. Sin embargo, sus
padres fueron un pilar para él y para su carrera, su padre al igual que él,
trabajó haciendo películas, lo que logró inculcar en el señor Xavier y en sus
hermanos el amor al cine.
“La
historia es así más o menos ¿tú sabías que aquí donde está el registro federal
del automóvil fueron unos estudios? todavía está ahí el escudo que dice CLASA, Cinematográfica
Latinoamericano Sociedad Anónima, cuando yo nací, yo soy el quinto de la
familia, cuando yo nací mi padre trabajaba en el Palacio de hierro, en esa
época él tenía un buen puesto, él fue ebanista. Este entonces, él quiso probar
poner un rancho en un pueblo que se llama Pasco, con todos nosotros, yo casi
acababa de nacer. El trato de hacer allá una nueva vida de campo, él era de
campo y fracasó. Afortunadamente él tenía su casa, su casa que dejó en la
colonia Nativitas, que es donde yo nací. Entonces nos regresamos y mi papá sin
dinero tuvo que buscar trabajo como su profesión de carpintero, habló a una
estación que antes existía, donde hablabas y decías yo hago esto. Gracias a eso
le llovían los trabajos y a mi papá lo llamaron a estos estudios. Mi mamá le
dijo que fuera a los estudios porque ahí trabajaban los artistas y mi papá fue
ahí, era la época de oro del cine mexicano y luego luego entró a trabajar. Desde que yo tengo uso de razón puro cine, yo
conocía a todos los actores, no con todos trabaje, pero si conocía a todos. “
Nos
encontrábamos sentados en sillas tipo de un director de película y en ellas
estaban bordados los nombres de sus tres hijas: Claudia, Cecilia y Leticia. De
lado mío estaba sentada su segunda esposa, a quien siempre se refería como “mi
amor” y la que lo ayudó a escribir su libro. Un libro dedicado a su único nieto
hombre “Mi nieto no me dice abuelo, me dice papuchín y él un día, estando muy
chiquito, estábamos junto a el árbol que yo sembré y él me dijo, oye papuchín
¿ya sabes que un hombre tiene que hacer tres cosas en la vida?, yo obviamente
ya sabía pero le pregunté que cuáles eran, sembrar un árbol, tener un hijo y
escribir un libro, entonces el libro lo escribo para él. Con toda mi
trayectoria desde que nací, porque yo nací en el cine”.
Premios
y el trabajo
En
su repisa perfectamente acomodados, se encontraban sus premios, desde la Diosa
de plata, El Heraldo, el Ariel, entre otros. Su amor por el cine es tan grande
que toda su familia ha trabajado en ese ámbito. Su madre le dijo que no
estudiara al acabar la primaria y que mejor persiguiera el trabajo de su padre.
La familia es un punto clave para él, sin duda lo ayudaron a convertirse en el
hombre que estuvo sentado frente a mí, explicando su amor al cine mientras movía
sus manos y se quedaba mirando a la nada pensativo.
“¿Cómo?”
era lo que constantemente me preguntaba, pues el señor Xavier no escucha muy
bien gracias a los balazos que sonaban en sus filmaciones. A pesar de esto, es una persona fuerte y
llena de vida, “Bueno pues yo nunca esperé llegar a los 80, ayer estuve con dos
hermanos, que uno es mayor que yo y la otra es la que me sigue, somos de la
edad y hablamos sobre el final. Llegamos a la conclusión de que si tenemos esta
salud nos debemos adaptar a ser eso. Yo jugué fútbol y ahora ya no puedo patear
una pelota, debemos valorar esta edad y saberla vivir con tranquilidad.”
El
señor Cruz, también colecciona cámaras y justo debajo de sus premios pude
apreciar las casi diez cámaras viejas que guarda con gran amor. “Yo no decidí
ser director de fotografía. A mí me pasó como la actriz de Roma, Yalitza, el
director le dijo tú y la eligió. Yo tengo una historia muy bonita, yo entro al
cine de 16 años y pidieron en la Arena México de lucha libre, que se pusiera
una cámara en el centro de la arena colgada con una soga, entonces dijeron
¿quién se sube ahí?, yo fui muy intrépido y nunca le he tenido miedo a la
altura. Entonces nadie levantó la mano y yo dije yo, aquí está mi esposa que no
me deja mentir” Nos reímos y continua. “Yo
ayudé a poner la cámara en el centro y el director de fotografía de esa época,
me llamó para que trabajara con la cámara y ya lo que hacía dentro del rodaje
era muy satisfactorio, ya estaba dentro de la filmación de las películas.”
Siempre
orgulloso de sus logros se paró, con una agilidad de una persona de veinte años
y agarró uno de sus tantos premios. Su premio Heraldo apareció ante mis ojos,
lo ganó gracias a la película Las arracadas con Vicente Fernández en el
año 1978. Sin embargo, no le gustaba ir a las premiaciones “Yo tuve una
experiencia muy grande cuando me nominaron por primera vez y fue a una Diosa de
plata. Me tocó por suerte de estar al lado de don Gabriel Figueroa y yo ya iba
predispuesto, él era el maestro. Tiene uno puntos a favor cuando uno ya tiene
trayectoria y está al lado de un nuevo, en este caso él era el maestro. Lo que
no me gustó fue que nos sentaron a los tres nominados juntos, estaba Don
Gabriel, Don Alex Phillips y yo. Delante de uno le dicen: gano fulano, todos lo
están viendo a uno y se siente horrible, opte por no ir, mejor le di la
invitación a mi mamá y a mi hermano el mayor.”
Ochenta
años y lo que falta
Descansar
en compañía de su esposa y de vez en cuando de sus hijos, es como pasa sus días
normalmente, ya que del cine se retiró hace unos años. “Yo jugaba frontón,
entonces cuando le pegué a la pelota, la había golpeado con el filo en vez de
con la red y le pegué con toda mi fuerza. Fue tan fuerte que me lastime el ojo
y ya no veo del derecho, ese es el ojo por el que se ve en la cámara,
afortunadamente me pasó al final”, Carismático, sencillo y con un amor al cine
que nunca morirá, el señor Xavier Cruz vive su vida recordando cada momento de
su trayectoria como director de fotografía en el cine, junto con su esposa, sus
hermanos y sus tres hijas y sus nietos.
“Una
vez con un director americano que me llamó en su oficina me dijo, señor Cruz yo
quiero hacer una película y quiero que usted la fotografié, dije está bien,
entonces me dijo: dígame, para ese entonces yo ya tenía más de cien películas fotografiadas
y él iba a hacer su primera película. Entonces él me dijo: dígame qué película
puedo ver de usted, para yo ver su trabajo, la que más le guste a usted y le
digo: todas. Una película es como un hijo, yo tengo un hijo, lo quiero
muchísimo y cada película es como mi hijo.”
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